
El olor del azahar llega hasta su mesa donde reposa el café aún caliente y el zumo exprimido, fruto de los campos de naranjos que se extienden ante sus ojos. Qué felicidad, qué paz, qué sensación de levedad, de fluidez, qué dulce dejarse existir.
Y de pronto un ruido de conversaciones le sobresalta. Al abrir los ojos se encuentra de golpe con otros ojos, escondidos tras la mascarilla y la escafandra.
— ¿Cómo se encuentra? Ya está fuera de peligro. Ahora descanse.